Museo de Altamira

España es considerado uno de los países que mayor cantidad de lugares y monumentos posee como Patrimonio de la Humanidad en el mundo, de allí el gran incremento que se ha visto en los últimos años del turismo cultural tanto por turistas españoles como extranjeros.

Entre los numerosos monumentos que han sido distinguidos por la Unesco las Cuevas de Altamira se destaca por ser una de los tesoros más preciadas que alberga la localidad de Santillana del Mar en Cantabria, descubiertas en 1879 por Marcelino Sanz de Sautuola, entre otras cosas interesantes cuentan con la famosa sala que lleva por nombre la Segunda Capilla Sixtina del Cuaternario.

Las cuevas forman parte del recinto del Museo de Altamira situado en una de las colinas cercanas a la ciudad de Santillana del Mar suscitando su descubrimiento una polémica entre los arqueólogos de la época, ya que muchos de ellos sostenían que los hombres prehistórcios no contaban con la capacidad para realizar pinturas de tanta perfección. 

Llamada como Sala de Policromos la estancia principal de estas cuevas es considerada como la Capilla Sixtina del arte cuaternario y en su techo es posible admirar un centenar de animales y signos diversos entre los que se destacan veintiún bisontes acompañados de otros animales tales como ciervos, cabras y caballos, como también manos y varias figuras humanas que en algunos casos están superpuestos.


Las técnicas utilizadas para la creación de estas pinturas van del grabado hasta la pintura, el raspado y en algunos casos pueden verse efectos de sombreado, sorprendiendo el hecho de que son obras que tienen más de catorce mil años de antigüedad.

La importancia de estas cuevas recién fue reconocido veinte años después de su descubrimiento y de dar cuenta de ello a los medios internacionales de la época, sin embargo renombrados especialistas como el francés M. de Cartailhac negó la autenticidad de las pinturas y llevó adelante la oposición más obstinada contra las afirmaciones de su descubridor. Con el tiempo, diferentes academias y congresos dieron por verdaderas las obras, quedando comprobada su autenticidad en 1901 al descubrirse otras parecidas en las Cuevas de Font de Gaume y Combarelles. Dordoña.

Los colores que predominan en las pinturas de las Cuevas de Altamira son los tonos ocres con los contornos de las figuras en negro siendo los mejores exponentes las obras que se encuentran a treinta metros de la entrada con dimensiones que alcanzan los 18 metros de largo por 9 de ancho y una altura máxima de 2,64 metros.

Se estima además que ciertos utensilios de piedra y hueso encontrados dentro de las cuevas fueron los elementos utilizados para realizar las pinturas siendo los elementos más apropiados para seguir las protuberancias de la roca.

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