Lanzarote, Isla de Volcanes

Lanzarote forma parte del archipiélago canario, tierra de volcanes y de naturaleza exótica que alberga poblaciones curiosas y pintorescas con casas de paredes blancas que contrastan con el paisaje haciéndolo aún más llamativo. 

Una isla que vale la pena visitar aprovechando todos los vuelos en oferta que las empresas aéreas proponen durante todo el año, además de su oferta de actividades permanentes tanto culturales como al aire libre. 

De origen volcánico el paisaje de Lanzarote es árido pero a la vez espectacular representando un destino turístico ideal para los amantes de la naturaleza en estado puro. 

Claro ejemplo de ello puede apreciarse en el fantástico Parque Nacional de Timanfaya que alberga infinidad de fenómenos geológicos relacionados todos ellos con el origen volcánico de la isla completada por una diversidad biológica increíble con más de ciento ochenta especies de vegetales de especies diferentes. 

Toda esta región es un gran hábitat donde la presencia humana casi no ha modificado el entorno transformándose en un sitio perfecto para la investigación biológica. 

Con la intención de proteger esta zona natural se declaró a Timanfaya como Parque Nacional a través de un decreto en 1974 sobre todo teniendo en cuenta que es una de las mejores muestras de un hábitat volcánico que poco a sido colonizado por la vegetación, existiendo especies del mundo animal que viven de la materia orgánica del lugar. 

Existen excelentes excursiones guiadas que proponen a los turistas recorrer las denominadas Rutas de los Volcanes y tener la oportunidad de presenciar de cerca las anomalías geotérmicas del lugar, además de conocer los volcanes más famosos de esta isla como la Montaña de Fuego, la Caldera del Corazoncillo o la Montaña Rajada. 


En la actualidad, los volcanes de Lanzarote se encuentran en un período de calma pero han dejado su huella que impide la habitabilidad de la zona, después de las violentas erupciones producidas entre 1730 y 1736 y otros episodios posteriores ocurridos durante el siglo XIX. 

Despierta la curiosidad de los visitantes las altas temperaturas que se registran a menos de diez metros de profundidad y una gran cantidad de conos volcánicos han quedado como testimonio de los acontecimientos ocurridos hace cientos de años. Un suelo en desnivel formado por el material surgido de los cráteres es el camino a recorrer para atravesar esta región.

Asimismo, cabe aclarar que los volcanes dentro del Parque de Timanfaya pertenecen a los llamados volcanes hawaiano y que como consecuencia de sus erupciones se han formado pequeños volcanes como los que pueden verse muy cerca de la Montaña de Timanfaya. 

Afortunadamente los últimos episodios de erupciones tuvieron lugar en 1824 con grandes y elevadas columnas de agua salada hirviente que emergieron de sus cráteres. 

Completan tan impresionante espectáculo natural numerosos líquenes de diversas especies y colores formando parte de las rocas que pueden apreciarse en el camino que culmina en el islote de Hilario donde el intenso calor geotérmico puede sobrepasar los 100 grados centígrados a menos de un metro de profundidad.

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