El Palacio de Linares y su leyenda



Las leyendas sobre la existencia de fantasmas que rondan el lugar fueron las responsables de hacer tan famoso el Palacio de Linares que en otros tiempos fue conocido como el Palacio de Murga.

En Madrid, y situado frente a la plaza de Cibeles en la esquina del antiguo prado de Recoletos con la calle de Alcalá en el siglo XIX por orden de José de Murga y Reolid y Raimunda de Osorio y Ortega, quienes lo hicieron su residencia.

Se trata de un magnífico edificio de 4 plantas realizado con materiales de primera calidad, donde además es posible admirar obras de destacados artistas de la época. De estilo francés fue alfombrado por la Real Fábrica de Tapices.

Este edificio siempre llamó la atención por algunos detalles que le otorgaban cierto aire misterioso, como una escalera de caracol disimulada o una puerta que se encuentra escondida detrás de un armario.

Recién en el año 1992 el bello palacio fue destinado a ser un lugar turístico. Previamente refaccionado por el Ayuntamiento de Madrid antes de hacer su apertura oficial.

Las historias acerca de fantasmas son en la actualidad uno de los atractivos que lleva a muchos turistas a visitar la residencia.

Según cuenta la historia el matrimonio tuvo un único hijo, el cual dispuso de una gran fortuna que disfrutó sin ninguna medida desde muy pequeño.

Cuando el joven llegó a la edad de formar una familia su padre le aconsejó que el amor guiara sus pasos dejando de lado otro tipo de intereses, algo que alegró al joven que estaba enamorado de una hermosa joven sumamente humilde, hija de la estanquera de la calle de Hortaleza que había muerto recientemente.

Sin embargo, cuando el marqués conoció la identidad de su futura nuera no aceptó con agrado la relación, una actitud que llenó de dudas y temores a su hijo, los cuales no fue posible disipar ya que poco tiempo después el marqués fallece mientras su hijo se encontraba en Londres.

De regreso a Madrid y luego de un tiempo el joven se casó con su gran amor en una ceremonia sencilla. Años después llegó a sus manos una carta de su padre donde le confesaba que la que la mujer con la que se había casado era su hija, fruto de un amor de juventud.

Cuando su esposa se enteró de la situación recordó las palabras de su madre que en el lecho de muerte maldijo al causante de su desgracia y a toda su descendencia para que todo cuanto hagan sea destruido. De allí en adelante y sabiendo que eran hermanos siguieron viviendo bajo el mismo techo pero separados, adoptando una niña que fue la única hereda de su fortuna.

La niña bautizada como con los apellidos de Avecilla Agudo, está representada en una imagen que se encuentra en un gran óvalo del salón de baile de la residencia y junto a ella otra pintura conocida como Las señoritas de Avecilla.

Hoy en día el Palacio de Linares puede visitarse y es muy frecuentado y uno de los preferidos de los turistas por su riqueza histórica y por ser la leyenda viviente más popular de la ciudad de Madrid del siglo XIX.

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