El barrio sevillano de Triana




Si hay un barrio típico que resuma todo el espíritu y el encanto de la ciudad de Sevilla, ése es sin duda Triana. Su esencia se basa en la vida en los corrales de vecinos, modelo urbanístico que desde Sevilla se exportó a América durante la conquista. Los corrales son modestas viviendas de una o dos habitaciones con hornillo de cocina y una alacena a la entrada. Los lavaderos y retretes eran comunes al igual que el pozo que surtía de agua a los vecinos.


Triana es visita obligada para quienes buscan rincones auténticos que ver en Sevilla: casitas bajas de paredes encaladas, balcones decorados con geranios, sonidos de guitarra flamenca... Todavía es posible encontrar algo de esto después de que gran parte de estas construcciones desaparecieran para dejar paso a los bloques de pisos de los años 60 y 70.


Los principales hoteles en Sevilla se ubican al otro lado del río, así que para llegar a Triana hay que cruzar el Puente de Isabel II, que nos deja cerca del Altozano y el templete de la Virgen del Carmen. Allí se levanta la estatua de bronce del torero Juan Belmonte y arranca la calle Betis, llena de bares, restaurantes y mucha animación nocturna.


La mejor manera de visitar y disfrutar de Triana es a pie, aunque quien lo prefiera puede hacerlo en alguno de los famosos coches de caballos que parten desde el Parque de María Luisa y la Torre del Oro, junto al Guadalquivir.

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